13 ene. 2010

JAQUE MATE: STAR TREK 2009 CONTRA BLADE RUNNER


La actual tendencia del cine de ciencia ficción norteamericano ha quedado especialmente en evidencia en 2009: la infantilización del género. En efecto, deslumbrados por las posibilidades que la técnica actual ofrece en materia de efectos especiales, la apuesta se ha hecho muy clara: historias simplonas, malos guiones pero con grandes dosis de acción, protagonistas muy cachas y efectos especiales de quitar el hipo. La riada de milllones que se consiguen con este tipo de películas, dirigidas especialmente a un público juvenil de vuelta a las salas precisamente por las maravillas de los EFX, basta para que el Hollywood real se ponga a los pies de los Cameron o los Abrams, al fin y al cabo, es la ley de oro: quien tiene-o quien produce- el oro tiene la ley. Y quien tiene el oro y la ley se fabrica su propia imagen. Y se la hace creer a los demás. Aunque sea una imagen impostada.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que en Hollywood a la ciencia ficción se la respetaba. Un tiempo en el que, junto con las dosis de aventura y maravilla, se utilizaba el género para tratar de temas más maduros, para plantear reflexiones y para contar historias, buenas historias. Precisamente Gene Roddenberry es un producto de esa escuela, y estoy seguro que películas como Blade Runner le encantaban porque recogían y expresaban el mismo tipo de visión que él pretendía dar con su Star Trek; Y que Blade Runner es una película de fondo genuinamente trekker me parece indudable. Pero dejemos esto para después. La pregunta es:

¿Echa alguien de menos en Blade Runner la superacción, los superefectos especiales, los niñatos guaperas y respondones que hacen furor en la ciencia ficción infantiloide de nuestros días?

NO.

Porque a Blade Runner le sobra lo que, precisamente, a esas películas les falta. Una buena historia, un buen guión, maravillosos diálogos. Sentido de la profundidad. El sentido de la profundidad lo es todo en el cine. Y eso es lo que la ha convertido en una obra maestra del cine. Y quien la ve no la olvida, como sí se acaban olvidando las películas infantiloides cuya única carta es la acción descerebrada y los efectos especiales. Veamos un ejemplo:


"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais,
atacar naves en llamas más allá de Orión.
He visto rayos C brillar cerca de la puerta de Tannhaüser.
Todos esos momentos se perderán en el tiempo
como lágrimas en la lluvia."

He aquí uno de los monólogos más brillantes de la historia del cine. Un monólogo sobrecogedor que explicita uno de los grandes angustias existenciales del ser humano: ¿ todo lo que soy, todos mis recuerdos, mis experiencias,lo que he aprendido en años de sufrimiento, todo se perderá con mi muerte como si jamás hubiera existido? Y si es así, ¿qué sentido tiene la vida? Sólo que en este caso se pone en boca de un androide, un ser artificial con fecha de caducidad al que su pasión por la vida, su miedo a la muerte, vuelve tan humano como cualquiera de nosotros. Blade Runner es una película con una profunda carga existencialista, y basta ese instante de la muerte del androide para reducir a Star Trek 2009, Transformers, GI. Joe y Avatar a su verdadero nivel: el de películas de puro y simple consumo. Por mucho que la prensa adicta y servil deslumbrada por el oro y por los nombres de sus responsables se empeñe en ver calidad donde nunca la habrá. Sólo se salva, y en la medida que adapta otra gran obra existencialista de los 80, Watchmen. Toda lo que hace de Blade Runner una obra maestra es lo que esas películas, insisto, no tienen:buenas historia, buenos guiones, buenos diálogos. Y confianza en el espectador. O mejor , en la inteligencia del espectador y en su madurez. Desde luego cuando Ridley Scott hizo está película no tenía en mente , como Abrams con ST 2009, que su película adular al público quinceañero y-o poco exigente. Les presentó una historia exigente, dura, oscura, llena de desesperanza en muchos momentos. Hizo una película para gente que ama el Cine. Así con C mayúscula.

Blade Runner es, como he dicho, una película que los buenos trekkers aman porque la ven muy suya, muy en la línea de lo que Roddenberry quería contar. Y, en efecto, el mejor Star Trek es el que trata temas como estos. En Star Trek I tenemos ese mismo aliento existencialista, con la gran entidad Vger, casi omnipotente, casi onmisciente, sintiéndose sóla, perdida, preguntándose, ¿esto todo lo que hay, todo lo que soy? ¿no hay nada más? Y, como los replicantes de Blade Runner, Vger busca respuestas en su padre. ¿Y cómo olvidar los episodios en los que Data busca su humanidad, o aquellos en los que los protagonistas se ven enfrentados a reflexionar sobre temas muy íntimos y básicos para todo ser humano? Hasta Némesis trata de plantear un problema de ese tipo: ¿qué nos hace ser nosotros? ¿la biología o la biografía?

Blade Runner no fue un ejemplo aislado. Blade Runner , repito, es hija de una concepción del cine de ciencia ficción como vehículo de buenas historias que , ya desde los cincuenta con Ultimatum a la Tierra y otros tipos de películas de serie B , y después con otras más famosas como El Planeta de los Simios, el Hombre Omega, Naves Misteriosas, 2001, 1984... buscaban entretener de forma inteligente. Precisamente lo que hoy no busca o simplemente no se sabe. Porque los efectos especiales se compran-fabrican con dinero. El talento, no. Y lo que falta en los guionistas de Hollywood del ramo en este principio de siglo es, con alguna excepción, TALENTO. Suponen que por malo que sea el guión, las abrumadoras escenas de acción y efectos especiales cubrirán sus debilidades. Si antes no lo hace la prensa servil. En problema, parece, es que tienen razón: porque están acostumbrando a cada vez más personas a ser poco exigentes en materia de guión cuando se trata de una película de ciencia ficción. Como si la ciencia ficción sólo fuera la excusa para desbordarse en materia de efectos de luz y sonido. Así se está mal educando a una generación: a que sean muy exigentes en la forma y muy poco en el fondo.Cuando hay que educarlos en lo contrario: en ser exigente con la historia su solidez y su fondo; en no conformarse con pan y circo.

Pero regresemos. Si Blade Runner tocando temas tipicamente trekkers se convirtió en una obra maestra: ¿qué impide que una película de Star Trek lo sea? Nada. Absolutamente nada. Salvo la falta de talento artístico de sus responsables. Hasta Némesis existía, cuanto menos, la voluntad de hacer algo relativamente serio y profundo, se podía fracasar en el intento. Pero se intentaba. Con Star Trek 2009 de Abrams, la saga se abraza a la concepción en boga del cine de ciencia ficción americano: su infantilización, su intrascendencia. El triunfo de lo efímero frente a lo que, como vemos en Blade Runner, acaba calando muy hondo. Y ese Star Trek era igual de entretenido.

El trekkismo superoficialista podrá armar todas las campañas de desprestigio contra los que ponemos el dedo en la llaga. Es inútil, porque la verdad es terca y está ahí fuera, y de todas formas,de qué se nos acusa: ¿de que nuestro grado de exigencia es mayor que el suyo? ¿acaso es es eso un delito? Cada uno pone sus baremos y según ellos juzga.

2 comentarios:

  1. Completamente deacuerdo, cuando pieso que blade runner podría ser una película trek, me hecho a llorar con el camino que está cogiendo la ciencia ficción en el cine actual.

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  2. Pues va ser que tienes toda la razón. Prima lo visual ante todo.

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